El verano es la época en la que suelo echar la vista atrás para recuperar algunos títulos que me interesaron en su momento, pero por lo que sea no leí cuando fueron publicados y ahora duermen el sueño de los olvidados bajo el yugo de la tiranía de las novedades. Uno de estos libros es Gorse, de Sam K Horton, una novela muy lírica que trata un tema muy interesante, el abandono del paganismo y las viejas costumbres para dar cobijo a las nuevas. Lo que me llamó la atención en principio fue el espacio temporal en el que se ubica la narración, en el siglo XVIII. Normalmente este enfrentamiento y su reflejo en la literatura, al menos en las islas británicas es bastante anterior, normalmente coincidiendo con la llegada de los romanos. No obstante, no lo considero un hecho fundamental en el desarrollo de esta historia, porque todo el libro está rodeado de una atmósfera onírica que diluye las fronteras entre lo mundano y lo feérico, dotándolo de un aire atemporal.
En el pueblo de Mirecoombe comienzan a aparecer cadáveres, y las fuerzas vivas del lugar no se ponen de acuerdo sobre cómo tratar la investigación. Por un lado está Lord Pelagius Hunt, mediador entre los humanos y los fey, y por el otro el reverendo Cleaver, que niega la existencia de estos seres. A pesar de su antigua amistad, enfangada por hechos del pasado, el enfrentamiento parece inevitable. Pero la verdadera protagonista de la historia es Nancy, hija adoptiva de Pel destinada a conservar los ancestrales acuerdos con las hadas y otros seres de la foresta.
Sin querer entrar mucho más en la trama y sus giros, para no destripar nada al futuro lector, sí que me gustaría comentar las sensaciones que deja la lectura. El aire decadente que impregna cada página está muy conseguido con una prosa que puede parecer lánguida, pero que en realidad es rica y atmosférica. Aunque la investigación de los asesinatos parece bastante obvia desde el principio, hay algunos detalles que destacan como el uso del terror explícito muy dosificado para deshumanizar a las criaturas mágicas que al fin y al cabo son eso, criaturas no humanas. La novela finaliza, pero deja abierta la puerta Ragwort a una continuación que se publicó el año pasado.
En resumen Gorse es un libro pausado y atmosférico, una advertencia sobre los extremismos religiosos pero también una invitación a conocer las viejas costumbres y sus orígenes, el precio de la fe y las herencias recibidas.

