No es que yo sea una experta en historia, pero me ha sorprendido mucho ver lo poco que sé de la de Marruecos, aún siendo limítrofe con nuestro país. La verdad, desconocía que había sido colonizada por Portugal así que no puedo juzgar el contexto histórico de la novela, así como tampoco sé nada de la conquista de Ceuta. Tampoco la mitología de Aicha me es familiar, así que llegaba a este libro de Soraya Bouazzaoui sin conocimiento previo aunque con mucho interés.
Me he encontrado una narración muy pausada, casi en demasía, sobre todo al principio de la historia, pero en general en todos sus capítulos. Entiendo que es necesario establecer el escenario, la relación de Aicha con su padre y su hermana y su resistencia al invasor, pero creo que se hace demasiado hincapié en sus entrenamientos de madrugada y poco en el entorno en el que se mueven. Bouazzaoui es capaz de hacernos empatizar por la familia pero no deja de ser un relato muy estandarizado de colonialismo, sin añadidos locales que podrían añadir cierto sabor a la historia. Los portugueses son malos y abusan de los locales, se llevan sus bienes… y ya está. Lo único que sucede que es especialmente cruel para los locales es que en ocasiones queman los cadáveres impidiendo que se cumplan los ritos religiosos. Si bien es cierto que hay muchas menciones a la cultura magrebí, con palabras propias del lugar, me falta personalización en la obra.
Sarah Slimani como narradora del audiolibro, hace una labor muy encomiable. Tengo entendido que no es nativa inglesa, así que tiene doble mérito la dicción en ambos lenguajes. Creo que mejora la obra con su contribución.
Aicha es la representación de la rabia femenina, algo con lo que creo que la autora si ha acertado de pleno. Ahora bien, la relación sentimental me parece un poco pazguata, no he conseguido conectar con esa parte.
Tengo sentimientos encontrados con el libro, aunque esperaba más de la obra, no ha sido una completa decepción.


