La trayectoria como autor de R.J. Barker es sin duda ascendente, creo que en cada libro suyo que voy leyendo se va notando mejoría en relación al arte de la escritura, limando asperezas y ofreciendo una obra cada vez más redonda. Tras la reciente trilogía de Wyrdwood, Barker comienza una nueva saga que se podría encuadrar en ese subgénero que todavía no sé si tiene nombre de investigación de misterios en un entorno fantástico, cuyos principal baluarte actual quizá sea Robert Jackson Bennett.
Mortedant’s Peril lo tiene todo para atrapar al lector. Un personaje principal carismático no exento de dudas, un grupo de secundarios tremendamente atractivos y un entorno fascinante, mezclado con un misterio angustioso que puede tener consecuencias definitivas para todos los estamentos de la sociedad. Si se le puede poner alguna pega al libro es que la premisa en la que se basa, que haya un gremio dedicado a leer los pensamientos de los recientemente fallecidos ya está bastante explotado por Katherine Addison en la serie The Cemeteries of Amalo, aunque ambos autores siguen derroteros muy diferentes en su obra.
El libro está narrado desde el punto de vista de Irody Hasp, un mortedant (el que habla con los muertos) no muy bien visto por su gremio que sobrevive a base de trabajos de poca monta, pero que se verá envuelto en una trama en la que peligra su vida, ya que le acusan de asesinato.
Barker utiliza una cuenta atrás muy estresante para dotar de ritmo al libro, nos hace sentir el tick tack de las manecillas del reloj que van descontando momentos de la vida de Irody mientras investiga una trama no demasiado enrevesada pero muy bien construida alrededor de las características mágicas del mundo en el que ha decidido situar la acción. En este sentido, los personajes y el escenario se entrelazan perfectamente para crear un tapiz en el que destacan algunos momentos hilarantes y el descubrimiento de la familia encontrada en contraposición con la familia a la que perteneces por nacimiento.
La sociedad que describe el autor británico está tremendamente estratificada tanto sociológica como físicamente, dando lugar a un caldo de cultivo excelente para una crítica social acerada. Él no deja escapar la oportunidad y azuza tanto a unos como otros por permitir seguir con el status quo que fuerza a los más desfavorecidos a una vida de servidumbre atenazados por el miedo a no saber dónde conseguir su siguiente comida. En una convivencia tan enrarecida, conseguir alzarse en el ranking social no es para nada cuestión de meritocracia, si no de sudar sangre por intentar mejorar, mientras que a otros todo le viene dado.
Ojalá tengamos suerte y esta sea la obra que permita al autor por fin ser publicado en español.





