The Final System es un thriller de ciencia ficción que aprovecha la ubicuidad de la inteligencia artificial para construir una novela trepidante y entretenida, pero a la vez bastante previsible.
Anthony Tardiff nos ofrece un mundo en un futuro tan cercano que casi parece el presente, con una sociedad que basa sus relaciones en el capital social ganado en las distintas redes sociales que son permitidas por el gobierno. El relato corre a cargo de dos narradores, por una parte Jason Cromartie, un hacker que se ha colado entre los intersticios del sistema y que hará todo lo posible por cambiar el orden social y Chloe Dunne-Carr, una política cuya en principio fulgurante carrera se ha visto interrumpida por su oposición firme a los nuevos sistemas algorítmicos que rigen las vidas de la gente. Cuando el doctor Andrew Norman propone la implantación del Sistema Final (lo mismo tendría que haber hablado un poco con su departamento de marketing) ambos se verán inmersos en una carrera despiadada para intentar evitar el colapso de la sociedad.
Como todo buen thriller que se precie The Final System tiene un ritmo apabullante, que no deja mucho hueco al aburrimiento, menos aún a la reflexión. Esta velocidad es el truco que ha utilizado el autor para que no nos fijemos mucho en las costuras de la novela, ya que si levantara por un momento el pie del acelerador podríamos ver los errores en los que ha caído y así las GRANDES REVELACIONES de los capítulos finales no lo serían tanto, porque lo cierto es que se ven venir desde bastante distancia.
Me gusta mucho la versión en audiolibro con dos voces que se complementan la una a la otra, Graham Halstead y Ferdelle Capistrano, creo que han llevado a cabo una gran labor al impersonar a muchos personajes de muy distintos orígenes, incluidos los sistemas de inteligencia artificial que forman la base de la historia.
Si bien es cierto que el autor en ocasiones explica en demasía algunos acontecimientos de los que somos testigos, en ningún momento nos encontramos con una lectura aburrida. La representación de la ingeniería social como el verdadero corazón del hacking también me ha parecido muy bien escogida, como indicando que el eslabón más débil de cualquier cadena es siempre el factor humano. No es menos cierto que las “casualidades” que hacen avanzar la trama son previsibles en demasía, pero creo que el mensaje que el autor pretendía hacernos llegar consigue su objetivo plenamente y consigo entretener la lector mientras tanto.
Una novela tan palomitera como entretenida.
